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Cuando el método y la vida real dejan de encajar

LA BRUJULA -GUIA PRACTICA

Por qué nació La Brújula

En todo el tiempo que llevo practicando ashtanga yoga he tenido momentos de crisis y de fricción con el método, pero he entendido que eso también forma parte del camino y que se puede adaptar la práctica sin perder la esencia del método. Solo hay que entender por qué y para qué están las normas y aprender cómo adaptar la práctica a tus circunstancias personales. Este artículo nace de todo eso.


Hay algo que se repite mucho entre practicantes de ashtanga yoga. Quizás no lo decimos en voz alta, pero está ahí, por dentro en el momento justo anterior a empezar a practicar:

¿Y ahora qué? No tengo tiempo. No tengo energía. ¿Para qué abro la esterilla si no voy a poder hacerlo todo bien?

Ya te he hablado muchas veces en el blog ashtangui de mis experiencias. Y esa sensación la he tenido muchas veces. Es cuando se junta la exigencia de un método con la autoexigencia. Entonces, o no practicas y se confunde con falta de disciplina, o te fuerzas hasta que un día te lesionas. Pero no te planteas que hay algo de fondo, algo sutil: la práctica que aprendiste no está encajando con tu vida actual.

Y cuando eso pasa, la esterilla deja de ser un lugar de cuidado y se convierte en un recordatorio de todo lo que “no estás haciendo”.

El molde y la vida real

El ashtanga yoga es un método precioso, transformador, claro, profundo. Tiene una estructura definida que para muchísimas personas es un ancla. Un método magistral, una hoja de ruta.

Y este método tiene un contexto de origen: la vida de brahamanes en la India, organizada alrededor de la práctica, sin la complejidad de nuestras agendas actuales.

Cuando intentamos aplicar ese estándar a una vida con jornadas laborales largas, responsabilidades familiares, cansancio acumulado o simplemente una rutina que cambia constantemente… aparece el conflicto.

Seis días a la semana. Cada día hasta la última postura. Por la mañana, a ser posible.

Son indicaciones que tienen sentido dentro del sistema, son ideales. Pero si por lo que sea no las puedes cumplir, algo curioso ocurre: no llegas a la conclusión de que el estándar es demasiado alto para tu momento vital, sino que crees que tú estás fallando y te sientes mal.

Y desde ahí, la práctica deja de ser un apoyo y se convierte en una fuente de presión.

Las creencias que nos alejan de la esterilla

A lo largo de los años he identificado una serie de ideas que aparecen casi siempre cuando la práctica empieza a chirriar con la vida. Insisto que no siempre son fruto de mala voluntad. Son pensamientos muy humanos y muy comprensibles, pero la verdad es que tampoco ayudan.

“Si no lo hago todo, no cuenta.”

Es lo que llamo el «todo o nada». Desde ahí, cualquier práctica parcial se vive como un fracaso, y se acaba o haciéndolo todo, aunque no haya energía, o no haciendo nada. Los dos extremos pueden llevarte al mismo sitio: alejarse de la esterilla. Quizás hoy no, pero si te descuidas, a la larga, puede ocurrir.

“Antes practicaba mejor.”

Compararse con un momento pasado, con otro cuerpo, otra disponibilidad, otras circunstancias. La práctica no empeora porque cambie. Cambia porque tú cambias. Las posturas vienen y van. Cuando las has «perdido» y «recuperado» entiendes que es algo natural.

“Espero a tener las condiciones perfectas.”

Más tiempo, menos cansancio, una rutina más estable. El problema es que ese momento casi nunca llega. La práctica real ocurre en días normales, no en días perfectos. Si esperamos el ideal, puede ser una eternidad o nunca llegar. Ojalá hubiera sabido esto porque habría empezado a practicar muchos años antes.

“Exigirme más es lo mismo que comprometerse.”

No. El compromiso que se mantiene en el tiempo, no nace de forzar, sino de ser honesta, adaptar y volver una y otra vez. No confundas ser exigente con compromiso. Durante mucho tiempo caí en esta trampa. Es algo sutil, pero muy importante porque muchas personas somos autoexigentes.

De dónde nace La Brújula

Como he tenido mis propias crisis con el método, he sentido la necesidad de entender qué me estaba pasando. Y me di cuenta de que no es que no me gustara el método, ni que estuviera disconforme con sus normas. Lo que ocurría era que me lesionaba demasiado y no me encajaba que la práctica me llevara al dolor. En los días en los que el cuerpo me pedía descansar, yo no me lo permitía porque sentía que me fallaba a mí misma. En épocas en las que la vida y la práctica tiraban en direcciones distintas era demasiado difícil mantener mi práctica completa.

Lo que más me ayudó en esos momentos, fue tener a mi profesora Gri, que me veía desde fuera y me indicaba qué era lo mejor para mí. No desde la imposición, sino desde el acompañamiento.

Me di cuenta de que no se trataba de forzar más, sino de aprender a escuchar mejor. Entender que adaptar no es abandonar. Que reducir no es rendirse. Que cuidarse también es practicar.

Con el tiempo fui encontrando una forma de orientarme en esos momentos. Una manera de adaptar la práctica según el día, la energía y el contexto. Y a esa herramienta la llamé La Brújula.

Una guía que nace de esa necesidad de reconciliar el método con la vida real. No es una versión “light” del ashtanga. Es una forma más honesta y sostenible de relacionarte con él.

Esto funciona a partir de dos preguntas muy sencillas que te haces antes de abrir la esterilla:

¿Cuánto tiempo real tengo hoy?
¿Cómo está mi energía hoy?

No cuánto te gustaría tener. No cómo “deberías” estar. Sino la realidad de hoy, con tu vida y tus circunstancias actuales.

A partir de esas dos respuestas, La Brújula te orienta hacia el tipo de práctica que tiene sentido hoy: una práctica mínima, una práctica adaptada o una práctica completa. Ninguna es mejor que otra. Todas son práctica real.

La filosofía detrás de todo esto

La Brújula se sostiene sobre cuatro principios que en el proyecto llamo REAL:

Ritmo, Escucha, Acompañamiento y Largo plazo.

El ritmo adecuado no es el más intenso, sino el que te permite volver a la esterilla una y otra vez.

La escucha no es pasividad, es una parte activa de la práctica: te permite adaptar sin romper la continuidad.

El acompañamiento significa que practicar sola no tiene por qué ser practicar sin guía ni estructura.

Y pensar a largo plazo cambia completamente la relación con la esterilla: reduce la presión, normaliza los altibajos y pone el cuidado por delante de la intensidad puntual.

La práctica no se mide en días buenos, sino en la capacidad de volver una y otra vez.

Cambiar la práctica no rompe la continuidad. La continuidad se rompe cuando dejamos de tener criterio y cuando dejamos de practicar.

La práctica se sostiene cuando aprendes a orientarte por ti misma

Eso es exactamente lo que intenta hacer La Brújula: no decidir por ti, no marcarte un único camino, sino darte un marco claro para que puedas tomar decisiones conscientes. Para que cuando dudes, tengas algo a lo que volver.

Si te has reconocido en algo de lo que he escrito hoy, quiero que sepas algo:

No te falta disciplina. No te falta fuerza de voluntad.

Lo que suele faltar es un enfoque que encaje mejor con tu vida actual.

Si sientes que necesitas guía, enfoque, claridad, ahora tienes todo este conocimiento y aprendizaje disponible para ayudarte a sostener la práctica desde la realidad, no desde el ideal.

La Brújula ya está aquí

Una herramienta para practicar ashtanga yoga en la vida real.
Con audios explicativos, vídeos de prácticas guiadas, un bonus de mantras y material descargable.
También hay una versión con sesiones grupales y soporte de whasapp.
Pregúntame tus dudas o explora por ti misma/o 👉

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