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Reflexiones sobre el futuro del Ashtanga Yoga

Llevo diez años practicando Ashtanga Yoga y he atravesado muchas etapas. Para mí, Sharathji era un referente claro, un maestro de maestros. Las veces que practiqué con él y lo observaba, era hermoso presenciar a alguien con tanta experiencia, sin dudas, con disciplina y compasión. Encarnaba el conocimiento transmitido por generaciones. En este contexto, el futuro ashtanga yoga se presenta como una evolución necesaria.

Ahora ya no está, pero el conocimiento se transmitió y sigue vivo. También quedaron mil dudas y preguntas sin resolver.

La búsqueda de respuestas

Muchas veces me pregunto cuál habría sido su siguiente paso. Él hacía cambios muy lentamente, consciente de la importancia de cada decisión, sabiendo que a veces no hay vuelta atrás.

Reflexionando sobre todo esto, el futuro ashtanga yoga podría ofrecer nuevas perspectivas y caminos para los practicantes.

Fui a Mysore para encontrar mis propias respuestas, para convertirme en su discípula y entender de primera mano sus enseñanzas. Encontré respuestas, pero también contradicciones que él aclaraba en sus conferencias con una sencillez asombrosa. Tenía esa capacidad única de explicar lo profundo de manera simple. Solo escucharle recitar aforismos en sánscrito te hacía conectar con algo más allá, algo universal. Sus palabras siempre estaban alineadas con el verdadero propósito de la práctica. El mantra inicial antes de las clases guiadas te ponía los pelos de punta.

Las preguntas que no nos atrevimos a hacer

Tengo la sensación de que en las conferencias siempre hacíamos las mismas preguntas. Recuerdo pensar que éramos malos aprendices, que nos movían las cosas equivocadas, que el ego nos impedía entender. Quizás esas preguntas escondían un inconformismo, el deseo de que las cosas fueran diferentes, de que su enseñanza fuera más divertida, más centrada en tips, más acorde con esta era dominada por el placer inmediato y la imagen. Dicho de otro modo: más guay, más instagrameable.

O quizás eran simplemente preguntas hechas por seres humanos, no por yoguis. Porque tengo la sensación de que ser yogui es otra cosa.

Honestamente, no sé cómo es ser un yogui, pero sí sé lo que es ser humana: querer ser mejor, tener ego, querer avanzar, sentir enfado, frustración, envidia. ¿Pero cómo va a sentir un yogui esas cosas?

Creo que la mayor parte de las preguntas no eran sinceras, se hacían con la máscara del yogui. Él lo sabía, y sus respuestas eran las que eran.

Ojalá nos hubiéramos atrevido a preguntarle de verdad por lo que nos preocupa como seres humanos, y no como «yoguis».

Después de su partida

Muchas máscaras cayeron tras su muerte. Empezó a haber tanto ruido que preferí dejar de escuchar a tantas voces. Recuerdo que alguien dijo en redes eso de «comienza el juego de tronos», y me pareció un poco desafortunado, pero ahora sinceramente pienso, pues ojalá hubiera un trono y aspirantes a él. Pero mi sensación es de que aquí no hay nada de eso.

Teníamos un sistema basado en un solo líder, y al no dejar un sucesor claro, va a ser complicado de mantener. Más aún si se intenta convertir en algo horizontal, como parece que se está haciendo ahora.

Y no es que me parezca mal, es que siento que necesito establecer un vínculo de confianza con alguien concreto, y no practicar con diferentes profesores a la vez.

Quizás aún estemos en una fase de transición y lo próximo sea más ilusionante. Ojalá.

Mi propia encrucijada

Ahora mismo debería estar en Mysore, pero no fui. En parte porque no podía, en parte porque no quería ir en este momento, con estas circunstancias. Me supone un esfuerzo que no estoy dispuesta a hacer sin tener mayor claridad.

En Sharathji veía claridad. Él encarnaba la fuente, y por más que Mysore siga siendo Mysore, mi sensación es que sin él nada es igual.

Para mí es importante elegir a mis maestros, porque no todos los maestros autorizados y certificados tienen el mismo criterio, ni se ganan la confianza de los practicantes. Eso es lo que yo viví allí.

Cuando practicábamos con él y sus asistentes, todos sabíamos que los asistentes no eran como él. Algunos se ganaban nuestra confianza, pero otros resultaban inexpertos o con demasiado ego. No era fácil entregarse a ellos.

Si es posible, cuando lo sienta de verdad, quiero volver. Quizás experimentar lo nuevo y despedirme de lo que ya no va a volver. Pero tengo muchas dudas y mucha incertidumbre ante el futuro.

El camino hacia adelante

Y esto no lo digo en términos de si se hacen bien o mal las cosas; eso no me corresponde a mí. No pretendo juzgar, sé que la situación es difícil. A mí me corresponde decidir con quién practico ahora, en quién confío.

Porque no solo me quedé yo sin referente, sino también mi maestra y muchos otros maestros y maestras.

Siento que es momento de seguir el corazón, de abrir la mirada y explorar nuevos horizontes. Sentir dentro la esencia de esta práctica. Conectar desde un lugar diferente.

Sharathji nos dejó muchas conferencias y muchas enseñanzas encarnadas en maestros y maestras. Siento que una parte es colectiva, común, pero otra es muy personalizada y queda en lo que vivió cada uno con él. Por lo que a partir de ahora transmitir su legado implica mucha capacidad de discernimiento y sabiduría, porque ser riguroso lo es todo. Será fácil que se pierda parte de la transmisión en las interpretaciones. Incluso habrá cosas que queden obsloteas.

Las preguntas que quedan

Me pregunto: ¿hasta qué punto debemos mantener las tradiciones sin un líder?, ¿corremos el riesgo de quedarnos en la rigidez de un sistema que ya tenía síntomas de quedarse atrás?

Para muchas personas la tradición era y es sinónimo de rigidez. Yo, en cambio, creía que la tradición, el linaje, daba claridad y veía que, poco a poco, muchos viejos dogmas se iban cambiando. Con Sharathji vivo, el linaje estaba vivo, él sostenía el sistema y lo hacía con sencillez, con amor, aportando siempre luz y claridad.

Teníamos un Paramaguru.

Pero ahora sin líder, ¿cómo evolucionará el Ashtanga?, ¿entramos en una era postlinaje o estamos en una transición?, ¿al perder a nuestro líder, ahora la enseñanza se vuelve más horizontal acorde a los nuevos tiempos?

Las preguntas están en el aire y no hay ninguna fecha límite para responderlas.

Por mi parte, intentaré ser paciente, mantenerme abierta, observando… seguiré mi intuición, escucharé lo que dice mi corazón, sin olvidarle, porque él me enseñó que todo siempre es más sencillo de lo que parece, que el yoga es solo uno, que la práctica es lo que nos sostiene.

Pero tampoco niego esta sensación de que quizás se necesita liderazgo, claridad y estructura para que el método de Ashtanga Yoga pueda evolucionar sin perder su esencia.


La práctica continúa, y con ella, nuestra búsqueda.

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2 comentarios

  1. Me ha gustado leerte, Merce, aunque, como no estoy inmersa en ese interesante mundo, muchas cosas se me escapan o no las capto en su esencia
    ¿El Ashtanga tiene que evolucionar? Yo pensaba que estaba, por decirlo así, definido.
    Veo que sigues adelante con perseverancia y entusiasmo y eso me parece estupendo.
    Foto preciosa la de la entrada.
    Un abrazo

    1. Hola Mae! Gracias por leerlo, jeje. Pues en realidad sí, el Ashtanga es un sistema que está totalmente definido. Pero así todo hay cosas que han ido cambiando para adaptarse a nuevas circunstancias. Por ejemplo, al principio las respiraciones que se mantenían en cada postura eran muchas más y la práctica duraba mucho más, pero en un momento dado Pattabhi Jois que fue el fundador decidió reducirlas para acortar la duración de la práctica y así adaptarse a las nuevas circunstancias en las que había crecido muchísimo el número de practicantes en todo el mundo y eran personas que no se dedicaba exclusivamente a practicar en su vida sino que tenían trabajos y familia. Es decir, que es necesario que haya alguien con suficiente experiencia y conocimiento que tome decisiones. Por otro lado, Sharathji era quien daba las autorizaciones a quienes querían dedicarse a enseñar yoga y ahora nadie las da, por tanto quedan decisiones que tomar y temas que aclarar, pero bueno, ya se irá viendo… Mientras tanto, paciencia, jeje. Un abrazo!

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